Por: Seboruco Informativo
El debate sobre la minería en República Dominicana vuelve a poner en evidencia una realidad que muchos ciudadanos cuestionan: la doble moral de una parte de la clase política, que en ocasiones cambia de posición dependiendo del lugar, del momento y, sobre todo, de sus aspiraciones políticas.
Un día vemos a determinados dirigentes pronunciándose en contra de un proyecto minero porque la comunidad donde se desarrolla rechaza la explotación. Pero, cuando visitan otra zona donde existe respaldo a la minería, el discurso puede cambiar y entonces hablan de inversión, empleos y desarrollo económico.
La pregunta que surge es sencilla: ¿la posición debe depender de lo que políticamente conviene en cada comunidad o de principios claros sobre el desarrollo y la protección de los recursos naturales?
El caso de San Juan y el proyecto Romero es un ejemplo de la intensidad que ha alcanzado esta discusión. Una parte importante de la población ha levantado la consigna “Agua sí, oro no”, defendiendo la protección de las fuentes de agua y la vocación agrícola de la provincia.
Pero también resulta válido preguntarse qué ocurriría si mañana esos mismos dirigentes llegaran a una comunidad donde la mayoría de sus habitantes considera que la minería puede representar una oportunidad económica. ¿Mantendrían exactamente la misma postura?
La política seria no puede consistir en decirle a cada pueblo lo que quiere escuchar. Un dirigente responsable debe tener una posición coherente, explicar sus argumentos y mantenerlos aunque políticamente no sean los más convenientes.
Si la minería representa una amenaza para el agua y el medio ambiente, debe rechazarse con argumentos científicos y criterios firmes, sin importar quién gobierne o qué partido esté en el poder. Y si puede realizarse de manera responsable, con garantías ambientales, beneficios para las comunidades y estricto cumplimiento de la ley, también debe explicarse con honestidad.
Lo que la ciudadanía no debería aceptar es una política minera de acuerdo con la conveniencia electoral: estar en contra donde la gente está en contra y a favor donde la gente está a favor.
Porque la defensa del medio ambiente, del agua y del desarrollo económico no puede tener un discurso diferente según el público que esté escuchando. La coherencia también es una forma de hacer política.
