República Dominicana tiene miles de jóvenes que cada año ingresan a las universidades buscando una profesión que les permita conseguir un empleo, mejorar su calidad de vida y ayudar a sus familias. Sin embargo, detrás de esa realidad existe una pregunta que pocas veces nos hacemos como sociedad:
¿Qué pasaría si los dominicanos estudiáramos realmente aquello para lo que tenemos vocación?
La pregunta parece sencilla, pero sus consecuencias serían enormes.
Durante generaciones, muchas personas han elegido una carrera no necesariamente porque sea lo que aman o para lo que tienen mayores habilidades, sino porque consideran que ofrece mejores oportunidades económicas, porque sus padres así lo desean, porque es una profesión socialmente reconocida o simplemente porque no saben qué otra opción tienen.
Así encontramos jóvenes estudiando carreras que nunca imaginaron ejercer, profesionales trabajando en áreas completamente diferentes a las que estudiaron y personas que, después de invertir años de su vida y recursos económicos en una profesión, terminan descubriendo que nunca fue realmente su pasión.
Pero ¿cómo sería la República Dominicana si desde la escuela enseñáramos a nuestros niños y jóvenes a descubrir su verdadera vocación?
Un país donde cada persona desarrollara su verdadero talento
Imaginar una República Dominicana orientada por la vocación significa imaginar un sistema educativo capaz de descubrir que no todos los estudiantes tienen que seguir el mismo camino.
Algunos jóvenes tienen talento para las ciencias. Otros para la agricultura, la tecnología, la educación, la medicina, el deporte, el arte, la comunicación, la ingeniería, la administración, el turismo, la construcción, la música o los oficios técnicos.
El problema no está en que existan diferentes capacidades.
El problema aparece cuando como sociedad hacemos creer que unas profesiones tienen más valor que otras.
Un país necesita médicos, pero también necesita enfermeros.
Necesita abogados, pero también necesita técnicos.
Necesita ingenieros, pero también agricultores preparados.
Necesita profesores, científicos, empresarios, programadores, electricistas, mecánicos, carpinteros, diseñadores, investigadores, deportistas y emprendedores.
Una nación verdaderamente desarrollada no es aquella donde todos quieren tener la misma profesión, sino aquella donde cada persona puede desarrollar al máximo sus capacidades.
