Artículo de opinión por Jenry Sánchez (Yendrito)
La política nació como un instrumento para organizar la sociedad, defender el bienestar colectivo y crear oportunidades para todos. En su esencia, la política es un arte que debe utilizarse para ayudar a las personas, escuchar sus necesidades y construir soluciones, nunca para humillar, perseguir u oprimir a quienes piensan diferente.
Lamentablemente, en muchos lugares la política ha perdido parte de su verdadero sentido. En ocasiones se utiliza para dividir familias, crear enemistades, discriminar a quienes no pertenecen a un determinado grupo o negar oportunidades por razones partidarias. Esa práctica no fortalece la democracia; por el contrario, la debilita y genera desconfianza entre la ciudadanía.
Un verdadero líder político no se mide por el poder que acumula, sino por el servicio que brinda. La grandeza de un dirigente se refleja en su capacidad para tender la mano al necesitado, respetar las diferencias, dialogar con quienes no comparten sus ideas y trabajar por el desarrollo de toda la comunidad sin distinción de colores políticos.
La democracia se fortalece cuando existe respeto mutuo. Tener opiniones diferentes no convierte a nadie en enemigo. La diversidad de ideas permite encontrar mejores soluciones para los problemas del país y enriquece el debate público. La intolerancia, la arrogancia y el abuso del poder solo provocan división y atraso.
La política también debe ser sinónimo de ética, transparencia y compromiso. Los cargos públicos son una responsabilidad, no un privilegio. Quienes ocupan una función deben recordar que administran recursos del pueblo y que su principal deber es servir con honestidad, humildad y vocación.
Es momento de recuperar el verdadero significado de la política. Necesitamos una forma de hacer política que una en lugar de separar, que promueva el respeto en vez del odio y que genere oportunidades para todos, sin importar la militancia o la ideología de cada ciudadano.
Cuando la política se convierte en un instrumento de servicio, las comunidades avanzan, la confianza crece y la esperanza renace. Pero cuando se utiliza para humillar, perseguir o excluir, pierde su esencia y deja de cumplir la misión para la que fue creada.
La política no debe ser un arma para destruir personas, sino una herramienta para construir un mejor presente y un mejor futuro. Servir con humildad siempre será más valioso que gobernar con arrogancia.
Artículo de opinión por Jenrry Sánchez (Yendrito).
