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    Artículo de Opinión Cuando los cargos públicos se convierten en un instrumento de presión

    Por Seboruco Informativo julio 13, 2026 3 min de lectura


     Seboruco Informativo
    En la política existen dirigentes que creen que, por haber ayudado a una persona a obtener un empleo en el erario público, adquieren el derecho de reclamarle obediencia y lealtad de por vida. Lo más lamentable es que, cuando esa persona decide tomar otro rumbo político o simplemente pensar diferente, comienzan a recordarle que "está donde está" gracias a ellos.
    La realidad es muy distinta. En política no te regalan nada; cada oportunidad se gana con el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio y la dedicación que cada persona entrega en favor de un proyecto o de un líder. Detrás de cada nombramiento hay horas de caminatas, reuniones, actividades, promoción y compromiso con una causa.
    Ningún dirigente debe asumir que un empleo en el erario público es un favor personal. Esos cargos se pagan con los recursos de todos los ciudadanos y deben responder al servicio del pueblo, no a intereses particulares ni a compromisos personales.
    Es natural que, con el paso del tiempo, las personas cambien de opinión, de partido o de liderazgo. Esa es la esencia de la democracia. Lo incorrecto es utilizar un nombramiento para desacreditar, humillar o intentar someter a quien tomó una decisión diferente.
    El verdadero liderazgo no necesita cobrar favores ni pasar factura. Un líder auténtico ayuda porque cree en las capacidades de las personas y respeta su libertad para decidir su futuro político.
    La política dominicana necesita menos ego y más respeto. Los dirigentes deben entender que el respaldo de la gente se conquista cada día con trabajo, honestidad y cercanía, no recordando constantemente los cargos que alguien ocupó.
    Quien hoy saca en cara un nombramiento demuestra que nunca ayudó por convicción, sino esperando una fidelidad incondicional. Y cuando la política se practica de esa manera, deja de ser un servicio para convertirse en un mecanismo de control.
    La gratitud es un valor que debe nacer del corazón, nunca de la presión. La dignidad de una persona vale mucho más que cualquier cargo, porque los puestos son pasajeros, pero el respeto se gana para toda la vida.